Lee el discurso de aceptación del Nobel de Literatura de Bob Dylan

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Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016 (Foto: Difusión)

El presente texto es el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2016, escrito por Bob Dylan, y enviado a la academia sueca el pasado 5 de junio de 2017.

Discurso de Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016

 

Cuando obtuve el Premio Nobel de Literatura, me pregunté cómo era que mis canciones se relacionaban con la literatura. Quería reflexionar sobre esto y ver dónde estaba la conexión. Voy a intentar articular esto para ustedes. Y lo más probable es que lo haga con algunos rodeos, pero espero que lo que diga valga la pena y que esté lleno de propósito.

Si tuviera que volver al amanecer de todo, imagino que tendría que empezar con Buddy Holly. Buddy murió cuando yo tenía dieciocho años y él veintidós. Desde el momento en que lo escuché por primera vez, me sentí afín. Me sentía emparentado, como si él fuera un hermano mayor. Incluso cavilé que me parecía a él. Buddy tocaba la música que yo amaba: la música en la que me crié: la música country del oeste, rock ‘n’ roll, el ritmo y el blues. Tres hebras separadas de música que él entretejió e infundió en un solo género. Como una marca. Y Buddy escribió canciones, canciones con versos imaginativos y bellas melodías. Y cantaba muy bien. Él era un arquetipo. Todo lo que yo no era, pero quería ser. Sólo una vez lo vi. Fue unos días antes de que muriera. Tuve que viajar cien millas para verlo tocar y no me decepcionó.

Era poderoso y electrizante y tenía una presencia imperiosa. Estaba yo a sólo seis pies de distancia. Él fue hipnotizador. Miré su cara, sus manos; la forma en que golpeaba su pie, sus grandes lentes negros; los ojos detrás de las gafas, la forma en que agarraba su guitarra, la forma de pararse, su traje refinado. Todo en él tenía la apariencia de alguien mayor de veintidós años. Algo sobre él parecía permanente y esto me llenó de convicción. Entonces, de la nada, sucedió lo más extraño posible. Me miró fijamente a los ojos y me transmitió algo. Algo que no supe identificar. Y ese algo me dio escalofríos.

Pienso que fue un día o dos después de eso que su avión cayó. Y alguien -alguien a quien nunca antes había visto- me dio un disco de Leadbelly con la canción Cottonfields (Campos de algodón). Y ese disco cambió mi vida ahí mismo y en ese lugar. Me trasladó a un mundo que nunca antes había conocido. Fue como una explosión. Como si caminara en la oscuridad y de repente la oscuridad se iluminara. Fue como si alguien me pusiera las manos encima. Debo haber tocado ese disco unas cien veces.

Estaba en una disquera de la que nunca había oído hablar, con un cuadernillo dentro, con los anuncios de otros artistas del sello disquero: Sonny Terry y Brownie McGhee, The New Lost City Ramblers, Jean Ritchie, bandas de cuerda. Nunca había oído hablar de ninguno. Pero medité que si estaban en esta disquera junto a Leadbelly, tenían que ser buenos, así que necesitaba escucharlos. Quería saberlo todo sobre ellos y tocar ese estilo de música. Todavía tenía un sentimiento por la música con la que había crecido, pero por ahora, lo olvidé. Ni siquiera pensaba en esto. Por el tiempo presente, ya se había ido.

Todavía no me había ido de mi casa, pero no podía esperar a hacerlo. Quería aprender sobre esta música y frecuentar a la gente que la tocaba. Eventualmente, me fui, y aprendí a tocar esas canciones. Eran canciones diferentes a las de la radio que había estado escuchando todo el rato. Eran más vibrantes y ciertas sobre la vida. Con las canciones de la radio, un intérprete podía obtener un éxito al lanzar los dados o con la caída de las cartas, pero eso no importaba en el mundo del folclore (Música popular: Folk). Todo era exitoso. Todo lo que debías hacer era ser bien versado y ser capaz de tocar una melodía. Algunas de estas canciones eran fáciles, otras no. Yo tenía un palpito natural para las baladas y las canciones country blues, pero todo lo demás lo tuve que aprender de cero. Tocaba para pequeñas multitudes. A veces no eran más de cuatro o cinco personas en una sala o en la esquina de una calle. Debías tener un repertorio amplio, y tenías que saber cuándo y qué tocar. Algunas canciones eran introspectivas, algunas tenías que gritarlas para que fueran escuchadas.

Al escuchar a todos los artistas populares tempranos y cantar las canciones uno mismo, uno recogía lo vernáculo. Lo internalizabas. Cantabas el blues al estilo ragtime, canciones del trabajo, canciones de las chozas del mar de Georgia, baladas Apalaches y canciones de vaqueros. Escuchabas todos los puntos más finos y aprendías de los detalles.

Ya sabes de qué se trata. Sacar la pistola y ponerla de vuelta en su vaina. Abriéndote paso entre el tráfico, hablando en lo oscuro. Sabes que Stagger Lee fue un hombre malo y que Frankie fue una buena muchacha. Sabes que Washington es una ciudad aburguesada y has oído la voz profunda de John the Revelator y has visto al Titanic hundirse en un pantanoso arroyo. Y eres amigo del salvaje vagabundo irlandés y del salvaje muchacho colono. Oíste los tambores amortiguados y los pífanos tocar humildemente. Has visto al lascivo Lord Donald ponerle un cuchillo a su esposa, y muchos de tus camaradas han sido enrollados en lino blanco.

Tenía todo lo vernáculo bajo. Conocía la retórica. Nada de eso pasó por encima de mi testa: los artefactos, las técnicas, los secretos, los misterios. También conocí todos los caminos desiertos en que aquello viajaba. Podía hacer que todo se conectara y se moviera con la corriente del día. Cuando inicié a escribir mis propias canciones, la jerga folk era el único vocabulario que sabía, y lo usaba.

Pero también tenía algo más. Tenía nociones y sensibilidades y una visión informada del mundo. Y lo había tenido ya por un tiempo. Aprendí todo ello en la escuela primaria. Don Quijote, Ivanhoe, Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver , Historia de dos ciudades, todo el resto – lecturas típicas de la escuela secundaria que te dieron una manera de ver la vida; una comprensión de la naturaleza humana y un estándar para medir cosas. Todo eso iba conmigo cuando empecé a componer canciones. Y los temas de esos libros se abrieron paso en muchas de mis canciones, ya fuera a sabiendas o sin quererlo. Quería escribir canciones distintas a cualquier cosa que alguien hubiera escuchado y estos temas eran fundamentales.

De los libros específicos que se han quedado conmigo desde que los leí en la escuela secundaria – Quiero hablar de tres: Moby Dick, Todo está en silencio en el frente occidental (All quiet on the Western Front ) y La Odisea.

Moby Dick es un libro fascinante, un libro lleno de escenas de grande drama y diálogo dramático. El libro es exigente contigo. La trama es llana. El misterioso Capitán Ahab –el capitán de un barco llamado el Pequod- es un egomaníaco con una pierna de clavija que persigue a su némesis: la gran ballena blanca Moby Dick que le arrebató la pierna. Y la persigue por todo lado desde el Atlántico hasta alrededor de la punta de África y en el Océano Índico. Él persigue a la ballena alrededor de ambos lados de la tierra. Es una meta abstracta. No es nada concreto o definido. Él llama a Moby “el emperador”, la ve como la encarnación del mal. Ahab tiene una esposa y un hijo en Nantucket a quienes recuerda muy de vez en cuando. Uno puede anticipar lo que acontecerá.

La tripulación del barco está constituida por hombres de diferentes razas y cualquiera de ellos que aviste a la ballena recibirá la recompensa de una moneda de oro. Un gran lote de símbolos del zodiaco, la alegoría religiosa, los estereotipos. Ahab se topa con otros barcos balleneros, estruja a los capitanes para obtener detalles sobre Moby. ¿La han visto? Hay un profeta loco. Gabriel. Está en una de las barcazas y predice la maldición de Ahab. Dice él que Moby es la encarnación de un dios andrógino de una secta cristiana antigua (Shaker god) y que cualquier trato con él llevará al desastre. Él le dice eso al capitán Ahab. Otro capitán del barco, el Capitán Boomer, ha perdido un brazo por causa de Moby Dick. Pero él tolera eso y es feliz de haber sobrevivido. No puede aceptar el deseo de vindicta de Ahab.

El libro cuenta cómo diferentes hombres reaccionan de diferentes maneras a una misma experiencia. Hay mucho del Antiguo Testamento; alegoría bíblica:Gabriel, Raquel, Jeroboam I, Bila, Elías. Nombres paganos también: Tashtego, Frasco, Daggoo, Fleece, Starbuck, Stubb, Martha’s Vineyard. Los paganos adoran ídolos. Algunos adoran pequeñas figuras de cera, algunos figuras de madera. Algunos adoran el fuego. El Pequod es el nombre de una tribu de aborígenes nativos americanos.

Moby Dick es un relato de marineros. De uno de los hombres, el narrador dice: “Llámenme Ismael“. Alguien le pregunta de dónde es y él dice: “No está en ningún mapa, los lugares verdaderos nunca están en ninguna parte”. Stubb no da importancia a nada, dice que todo está señalado. Ismael ha estado en barcos veleros toda su vida. Llama a los veleros sus propios Harvard y Yale. Él mantiene la distancia de la gente.

Un tifón apalea al Pequod. El capitán Ahab cree que es un buen augurio. Starbuck piensa que es un mal augurio. Piensa en matar a Ahab. Tan pronto como la tormenta acaba, un miembro de la tripulación cae del mástil del barco y se ahoga, anticipando lo que está por venir. Un sacerdote cuáquero pacifista, quien en realidad es un sanguinario hombre de negocios, le dice a Flask: “Algunos hombres que reciben lesiones son acarreados hacia Dios, otros son llevados a la amargura.”

Todo está mezclado. Todos los mitos: la Biblia judeo-cristiana, los mitos hindúes, las leyendas británicas, San Jorge, Perseo, Hércules- todos ellos son balleneros. La mitología griega, el negocio sangriento de seccionar una ballena. Muchos de los hechos en este libro: el conocimiento geográfico, el aceite de ballena -bueno para la coronación de la realeza- las familias nobles de la industria ballenera. El aceite de ballena se usa para ungir a los reyes. La historia de la ballena, la frenología, la filosofía clásica, las teorías pseudocientíficas, la justificación para la discriminación, todo va arrojado y nada de ello es duramente racional. Los ilustres, los bajos persiguiendo una ilusión, persiguiendo la muerte, la gran ballena blanca, blanca como un oso polar, blanca como un hombre blanco, el emperador, la némesis, la encarnación del mal. El demente capitán que perdió su pierna hace años tratando de atacar a Moby Dick con un cuchillo.

Sólo vemos la superficie de las cosas. Podemos interpretar lo que está debajo en la manera en que creamos conveniente. Los tripulantes caminan en cubierta oyendo a las sirenas y a los tiburones y a los buitres que siguen al navío. Cráneos y caras como la tuya leyeron el libro. Aquí hay una cara. Lo pondré frente a ti . Léelo si puedes.

Tashtego dice que él murió y renació. Sus días extra son un don. No fue salvado por Cristo. Con todo, dice que fue salvado por un compañero y un no cristiano. Parodia de la resurrección.

Cuando Starbuck dice a Ahab que debe dejar pasar el pasado, el capitán irritado le responde: “No me hables de blasfemia, hombre, golpearía el sol si me insultara”. Ahab, también es un poeta con elocuencia. Él dice: “El camino hacia mi propósito fijo está puesto en rieles de hierro sobre los cuales mi alma está labrada para correr”. O esta línea: “Todos los objetos visibles son máscaras de cartón”. Frases poéticas que se pueden citar y que no pueden ser vencidas.

Al fin y al cabo, Ahab avista a Moby y los arpones son preparados. Los barcos se bajan. El arpón de Ahab ha sido bautizado con sangre. Moby ataca el barco de Ahab y lo destruye. Al día siguiente, vuelve a ver a Moby. Los barcos bajan otra vez. Moby ataca de nuevo el barco de Ahab. Al tercer día, otro barco entra. Más alegoría religiosa. Él se ha levantado. Moby ataca una vez más, aporreando al Pequod y hundiéndolo. Ahab se embrolla en las líneas de arpón y es lanzado fuera de su barco hacia una tumba acuática.

Ismael sobrevive. Está en el mar flotando en un ataúd. Y eso es todo. Ese es todo el cuento. Ese tema y todo lo que implica se abrirá camino en más de una de mis canciones.

Todo tranquilo en el frente occidental fue otro libro que hizo lo mismo. Es una historia de horror. Es un libro donde pierdes tu infancia, tu fe en un mundo significante y tu preocupación por los individuos. Estás atrapado en una pesadilla. Sumergido en un misterioso torbellino de muerte y dolor. Te estás defendiendo de ser eliminado. Estás siendo borrado de la faz del mapa. Hubo una vez en que fuiste un inocente joven con grandes sueños de ser pianista de conciertos. Una vez amaste la vida y el mundo y ahora estás convirtiéndolo en pedazos.

Día tras día, las avispas te corroen y los gusanos transitan tu sangre. Eres un animal acorralado. No encajas en ningún lado. La lluvia que cae es monótona. Hay interminables asaltos, gas venenoso, gas nervioso, morfina, ardorosas corrientes de gasolina, escarbado y barrido de alimentos, gripe, tifo, disentería. La vida se está demoliendo a tu alrededor y las conchas silban. Esta es la baja región del infierno. Barro, alambre de púas, zanjas llenas de ratas; las ratas comiendo intestinos de los hombres muertos, trincheras llenas de inmundicia y excrementos. Alguien grita: “Oye, tú ahí, párate y pelea”.

¿Quién sabe cuánto tiempo durará este lío? La guerra no tiene límites. Estás siendo aniquilado y tu pierna está sangrando demasiado. Ayer mataste a un hombre y le hablaste a su cadáver. Le dijiste que después de que esto haya acabado, gastarás el resto de tu vida cuidando a su familia. ¿Quién se beneficia en esto? Los líderes y los generales ganan gloria y ​​muchos otros se benefician económicamente. Pero tú estás haciendo el trabajo sucio. Uno de tus compañeros dice: “Espera un minuto, ¿a dónde vas?” Y tú dices: “Déjenme solo, volveré en un minuto”. Entonces caminas hacia fuera, rumbo a los bosques de la muerte. No puedes ver cómo nadie en su vida civil tiene ningún tipo de propósito. Todas sus preocupaciones, todos sus deseos – no los puedes comprender.

Más ametralladoras, más partes de cuerpos tienden de los alambres, más piezas de brazos y piernas y cráneos donde las mariposas reposan en los dientes, más heridas espantosas, pus saliendo de cada poro, heridas en pulmón, heridas demasiado grandes para un cuerpo, cadáveres con gases resoplando y cuerpos muertos haciendo ruidos revulsivos. La muerte está en todos lados. Nada más posible. Alguno te matará y usará tu cadáver para tiro al blanco. Botas también. Ahí están tus preciadas posesiones. Pero pronto estarán en los pies de otro.

Hay Ranas saliendo entre los árboles. Unas cabronas despiadadas. Tus cascarones se están acabando. “No es justo que volvamos hacia nosotros tan pronto”, dices. Uno de tus camaradas está echado en la tierra y quieres llevarlo al hospital de campo. Alguno más dice: “Podrías ahorrarte un viaje”. “¿Qué quieres decir?” “–Dale la vuelta, verás lo que quiero decir. ”

Esperas a oír las noticias. No entiendes por qué la guerra no ha acabado. El ejército está tan ligado a las tropas de substitución que están reclutando a muchachos que tienen poco uso militar, pero ellos los están reclutando de cualquier manera porque se les están acabando los hombres. La enfermedad y la humillación han roto tu corazón. Has sido traicionado por tus padres, tus maestros de escuela, tus ministros e incluso tu propio gobierno.

El general con el cigarro mansamente fumado te traicionó igual  te convirtió en un matón y un asesino. Si pudieras, le pondrías una bala en la cara. Al comandante también se lo harías. Fantaseas que si tuvieras el dinero, pondrías un premio para cualquier hombre que fuera capaz de quitarle la vida por cualquier medio necesario. Y si él perdiera su vida haciendo esto, entonces le dejarías el dinero a sus herederos. El coronel también, con su caviar y su café, es igual. Pasa todo su tiempo en el prostíbulo de los oficiales. También te gustaría verlo muerto. Matarás veinte de ellos y otros veinte surgirán en su lugar. Simplemente apesta en tus fosas nasales.

Has llegado a despreciar a la generación más vieja que te envió a esta locura, a este cuarto de tortura. A tu alrededor, tus compañeros mueren. Muren de heridas abdominales, dobles amputaciones, caderas destrozadas. Y piensas: “Sólo tengo veinte años, pero soy capaz de matar a cualquiera, incluso a mi padre si se me acercara”.

Ayer trataste de salvar al perro herido del mensajero y alguien gritó: “No seas estúpido”. Un sapo está borboteando en tus pies. Le clavaste una daga en el estómago, pero el hombre todavía vive. Sabes que debes terminar el trabajo, pero no puedes. Estás en la verdadera cruz de hierro y un soldado romano está poniendo una esponja de vinagre en tus labios.

Los meses pasan. Te vas a casa de licencia. No puedes comunicarte con tu padre. Él te dijo: “Serías un cobarde si no te enlistas”. Tu madre también, al salir de la puerta, dice: “Ten cuidado con las chicas francesas”. Más locura. Luchas por una semana o un mes y ganas diez yardas. Y entonces el próximo mes las recuperan.

Toda esa cultura de hace mil años, esa filosofía, esa sabiduría -Platón, Aristóteles, Sócrates- ¿qué le ha pasado? Debió haber evitado esto. Tus pensamientos vuelven a casa. Y una vez más eres un colegial que camina entre los altos álamos. Es una memoria agradable. Más bombas cayendo sobre ti desde dirigibles. Tienes que hacerlo ahora. Ni siquiera puedes mirar a nadie por miedo a que algo con mal cálculo suceda. La tumba comunitaria. No hay allí otras posibilidades.

Entonces notas las flores de cereza y ves que la naturaleza no es afectada por todo esto. Los árboles de álamo, las rojas mariposas, la frágil belleza de las flores, el sol, ves cómo la naturaleza es indiferente a todo. A toda la violencia y el sufrimiento de toda la humanidad. La naturaleza ni siquiera lo nota.

Estás tan solo. Entonces un pedazo de metralla golpea un lado de tu cabeza y estás muerto.
Has sido suprimido, anulado. Has sido exterminado. Dejo este libro y lo cierro. Nunca quise volver a leer otra novela de guerra y nunca lo hice.

Charlie Poole de Carolina del Norte tenía una canción que se conectó con todo esto.

Se llama No me estás hablando (You Ain’t Talkin’ to Me), y la letra es así:

Vi un cartel en una ventana caminando por la ciudad un día.
Únete al ejército, ve el mundo, es lo que tenía que decir.
Verás lugares conmovedores con una tripulación alegre,
Conocerás gente interesante y aprenderás a matarlos también.
Oh, no estás hablando, no me estás hablando.
Puedo estar loco y todo aquello, pero verás, tengo buen sentido.
No me estás hablando, no me estás hablando.
Matar con una pistola no suena divertido.
No me estás hablando.

La Odisea es un libro grande cuyos temas han entrado en las baladas de muchos compositores: Homeward Bound, Green on Grass Rang, Home on the Range y en mis canciones, por su puesto.

La Odisea es una historia extraña y de aventura de un hombre tratando de volver a casa después de pelear una guerra. Su viaje de regreso está lleno de trampas y engaños. Está maldito para vagabundear. Siempre es traído al mar, siempre teniendo llamados cercanos. Grandes cascajos de rocas hacen oscilar su bote. Él enfurece a quien que no debería. Hay problemas entre su tripulación. Traición. Sus hombres son convertidos en cerdos y después son convertidos en hombres más jóvenes y más guapos. Él siempre está tratando de salvar a alguien. Es un hombre viajero, pero está teniendo muchas paradas.

Está atrapado en una isla desierta. Encuentra cuevas solitarias y se esconde en ellas. Se tropieza con gigantes que dicen: “Te comeré por última vez”. Y escapa de los gigantes. Está tratando de volver a casa, pero es lanzado y virado por los vientos. Vientos inquietos, vientos fríos, vientos contrarios. Él viaja lejos y entonces él es soplado hacia atrás.

Siempre se le advierte de las cosas por venir. Toca cosas que le dijeron no tocar. Hay dos rutas por recorrer y ambas son malas. Ambas son peligrosas. En una se podría ahogar y en la otra se podría morir de hambre. Él entra en los estuarios estrechos con espumosos remolinos que lo tragan. Encuentra monstruos de seis cabezas con colmillos acerados. Los rayos le caen. Prominentes ramas tiene que saltar para librarse de un río furioso. Algunos  dioses lo resguardan y otros quieren matarlo. Cambia identidades. Está macilento. Se duerme y se despierta por el sonido del carcajeo. Él cuenta su historia a extraños. Han pasado veinte años. Lo llevaron a algún lado y fue dejado allí. Han echado drogas en su vino. Ha sido una ruta dura de viajar.

De muchas maneras, algunas de estas mismas cosas te pasaron. Tú también has tenido drogas echadas en tu vino. Tú también has compartido la cama con la mujer equivocada. Tu también has sido hechizado por voces mágicas; voces dulces con melodías extrañas. Tú también has llegado lejos y te han soplado de regreso. Y también has tenido llamados cercanos. Has enojado a gente a la que no deberías haber enojado. Y también has errado por todos los alrededores de este país. Y tu también has sentido el viento maligno, aquel que te sopla nada afortunado. Y eso es todo.

Cuando vuelve a casa, las cosas no han mejorado. Los desfachatados se han mudado y están aprovechando la hospitalidad de su esposa. Son demasiados. Y aunque él es más grande que todos juntos y el mejor en todo -mejor carpintero, mejor cazador, mejor experto en animales, mejor marinero- su valor no lo salvará, pero sus trucos lo harán.

Todos tendrán que pagar por deshonrar su palacio. Se disfrazará como un mendigo y un humilde criado le dará patadas para sacarlo de su propia casa con arrogancia y estupidez. La arrogancia del siervo le subleva, pero él controla su ira. Él es uno contra cien, pero todos caerán, incluso los más fuertes. No era nadie. Y cuando todo está dicho y hecho, cuando él definitivamente está en casa, se sienta con su esposa y le cuenta las historias.

Pero, ¿qué significa todo ésto? Yo mismo y muchos otros compositores hemos sido influenciados por estos mismos temas. Y los temas pueden significar muchas otras cosas. Si una canción te mueve, eso es todo lo que importa. No tengo que saber lo que significa una canción. He escrito todo tipo de sucesos en mis canciones. Y no voy a preocuparme por eso, por lo que significa todo. Cuando Melville puso todo su antiguo testamento, relatos bíblicos, teorías científicas, doctrinas protestantes y todo el conocimiento del mar y de las embarcaciones y las ballenas en una sola historia, no creo que él tampoco se hubiera preocupado por lo que significaba.

John Donne, el poeta-sacerdote quen vivió en tiempos de Shakespeare, escribió estas palabras: “Los Sestos y Abydos de sus pechos. No de dos amantes, sino de dos amores, los nidos”. Tampoco sé qué significan. Pero suenan bien. Y quieres que tus canciones suenen bien.

Cuando Odiseo en La Odisea visita al famoso guerrero Aquiles en el inframundo -Aquiles, que cambió una vida larga llena de paz y contentamiento por una corta llena de honor y gloria- le dice a Odiseo que todo fue un error. “Acabo de morir, eso es todo.” No había honor. Ninguna inmortalidad. Y que si pudiera, elegiría regresar y ser un esclavo humilde de un hacendado en lugar de ser lo que es -un rey en la tierra de los muertos,- que cualesquiera fueran sus luchas en vida, eran preferibles a estar ahí en ese muerto lugar.

Eso es lo que son las canciones también. Nuestras canciones están vivas en la tierra de los vivos. Pero las canciones son diferentes a la literatura. Están predestinadas a ser cantadas, no leídas. Las palabras en las obras de Shakespeare fueron destinadas a ser actuadas en el escenario. Así como las letras de las canciones están destinadas a ser cantadas, no leídas en la página. Y espero que algunos de ustedes tenga la oportunidad de escuchar las letras de la forma en que fueron compuestas para ser escuchadas: en conciertos o discos o de la manera como las personas están escuchando canciones por estos días. Regreso una vez más a Homero, quien dijo: “Canta, oh Musa, y a través de mí cuenta la historia”.

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