La descomunal biografía de Dostoievski / reseña

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Fiódor Dostoievski (Retrato de Vasily Perov, 1872).

El crítico literario y catedrático de Stanford, Joseph Frank (Nueva York, 1918-Palo Alto, 2013), escribió a partir de su admiración por el escritor ruso la que es, hasta hoy y por mucho tiempo, una de las biografías más completas de Fiódor Dostoievski. Alabada por escritores de la talla de David Foster Wallace, nuestro colaborador Eric V. Álvarez comparte su lectura de tan descomunal trabajo.

Escribe Eric V. Álvarez

Aproximarnos a la obra de Dostoievski merece una cuota de respeto: su nombre goza de una relevancia notable en el imaginario común, incluso antes de tener mayores referencias sobre él. Imagino que la misma perplejidad y admiración habrá sentido Joseph Frank al volcarse a escribir los cinco tomos de esa biografía del escritor ruso, ahora publicada por la editorial del Fondo de Cultura Económica.

Su propósito es claro: sondear las profundidades del tejido social y la vida cultural de la Rusia del siglo XIX a fin de analizar mejor el desarrollo de la obra de Dostoievski. Así, Frank escapa de cualquier tentación hagiográfica. Sus pretensiones no son las de Zweig, Troyat o Cansinos Assens. Al contrario, su exploración de la época decimonónica rusa representa un mapeo riguroso del momento que le tocó vivir al autor de Crimen y castigo.

Y no solo eso. El autor de esta biografía también se preocupa por el sentido ideológico del universo dostoievskiano, tanto que, nos dice, sería imposible la comprensión de su obra si ausentamos ese contexto y esas particularidades ideológicas que lo llevaron a escribir novelas como Memorias del subsuelo o Los demonios. De este modo, en Las semillas de la rebelión, primer tomo de la biografía, asistimos al primer periodo del Dostoievski novelista, que incluye sus años de formación como escritor y su revelación ante el contexto cultural de su época como el  “primer novelista social de Rusia” en palabras del crítico Belinski.

Con gran sutileza, Frank mezcla los sucesos de la vida del biografiado con determinados hechos históricos. El resultado es un contrapunto fascinante que nos brinda un soberbio ejemplo de cómo pueden conjugarse ambas aristas. Por otro lado, Frank también analiza las primeras novelas de Dostoievski. Lo hace desde una objetividad rigurosa y exenta de patetismo, pues posee fuentes documentales que ha sabido cotejar en biblioteca especializadas. Solo así se puede eliminar cualquier atisbo de sacralización y derrumbar teorías freudianas que hoy fascinan tanto a la narrativa actual: la figura del padre.

Y es que Joseph Frank pone los puntos sobre las íes sobre un evidente vacío en el trabajo de Freud: el doctor vienés carecía de la documentación adecuada para emitir un juicio más certero. No es que haya estado equivocado; su laguna provenía de la profundidad investigativa.

David Foster Wallace: “No existen fórmulas ni garantías. Pero sí existen modelos. Los libros de Frank hacen que uno de ellos sea concreto y esté vivo y resulte terriblemente instructivo”.

Una mención destacada merece el capítulo breve dedicado a la muerte del padre de Dostoievski. Allí, Frank se vale de una narración objetiva en la que compara versiones claves sobre el tema. Y, probablemente, su conclusión no satisfaga a una mayoría de dostoievskianos que han sido formados bajo la leyenda de que a Mijaíl Dostoievski, padre de Fiodor, lo habían asesinado sus mujiks (empleados) y, como consecuencia de ese episodio, se generaría el primer ataque de epilepsia del joven novelista. El biógrafo no solo se aleja de esta interpretación: también la tira por los suelos.

También cabe resaltar dos elementos importantes en este primer tomo biográfico: primero, el rastreo de las influencias literarias de Dostoievski (Balzac, Gogol y, por encima de todo, Hoffman) y, segundo, el análisis comparativo entre la narrativa gogoliana y la del genio ruso (su comparación entre Pobres gentes y el universo de Gogol nos ayuda a comprender las diferencias y la configuración de ambas propuestas).

Por último, vale la pena revisar el magnífico ensayo que David Foster Wallace le dedica a esta biografía: El Dostoievski de Frank. Sin duda, el trabajo de Joseph Frank es portentoso y, por su rigurosidad, cobra tintes épicos. Gracias a su labor, no solo llegamos a desacralizar la figura de Dostoievski, sino también accedemos a una nueva ruta por la que podemos entender de una manera más amplia a este autor.

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