Fernando Iwasaki / En el batimóvil con Miss Graciela

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Escritor peruano Fernando Iwasaki (Foto: fernandoiwasaki.com)

Las clases que más me gustan son Inglés y Caligrafía. Después de Inglés tenemos recreo y la sister Thomas nos deja golpear la carpeta de contentos, pero en Caligrafía viene la miss Graciela y a mí me pasa como que pongo la cara de Popeye cada vez que Olivia le da un beso, porque a mí me gusta mucho la miss Graciela. Y además es más bonita que Olivia porque tiene tetas y sus piernas parecen de propaganda de Beautyform.

Mi mamá y mi tía Lucy, y mi tía Merce y mi tía Carmen, siempre dicen que «qué chico tan buenmozo», pero después yo las he escuchado decir que los señores buenmozos tienen ojos azules y el pelo rubio. Yo tengo el pelo negro como Tony, el de El túnel del tiempo, y a mí él sí que me parece muy buenmozo. A veces me miro en el espejo y pongo la cara de Tony para que la miss Graciela se dé cuenta, pero ella como si nada. El otro día me regañó porque le llevé a sacar punta a mi lápiz tres veces y me dijo que a mi mamá no le iba a hacer gracia que no me duraran los lápices. Yo sólo la quería ver de cerquita porque ella sí es rubia y tiene los ojos azules. Como Judy, la de Perdidos en el espacio.

Mi primo Rodrigo ha visto Perdidos en el espacio en Estados Unidos y dice que Judy es más bonita en colores, pero que Penny sigue siendo feísima. Judy tiene una boca bien grande que parece que si te da un beso te marca la cara como mi tía Nati. Pero Judy nunca ha besado a nadie y su enamorado siempre está peleando con los monstruos del espacio y no tiene tiempo para besar a Judy. A mí me gustaría casarme con Judy cuando sea grande, pero ella vive en Estados Unidos y mejor por eso prefiero casarme con la miss Graciela. Ella sí a besos en la boca porque el otro día la vi.

Una vez le mandé una carta a Judy a canal 5, pero nunca me contestó. Yo le pregunté a mi mamá que por qué si le podías mandar una carta al Tío Johnny o a Kiko Ledgard, no le podías escribir a Judy. Mi mamá me dijo que primero tenía que aprender inglés y después mandársela a Estados Unidos, pero mi hermano me enseñó que su nombre no era Judy sino Martha Christie. A lo mejor la carta no le llegó por eso.

Verdad, pues. Cuando empezaba Perdidos en el espacio salían los nombres por orden de tamaño: «Guy Williams (“ese es el papá”), June Lockhart (“esa también es la de Lassie, ¿no?), y con ellos Mark Godard (“¡ese es el enamorado de Judy!, ¡qué suertudo!), Martha Christie (“¡Judy!”), Billy Mummie (“¡el enano Will!”) y Angela Cartwright como Penny (“¡fea!”). Invitado especial, Jonathan Harris como el doctor Smith (“¡No temáis, Smith está aquí!”).» A mí Judy me gustaba mucho, pero la miss Graciela me hacía sentir como cosquillas en el pipilín.

A mí me gustaba más decir pipilín que peepee, como nos enseñaba sister Thomas. Mi mamá siempre me decía que se me iba a caer cada vez que me veía con la mano en la bragueta. A mí me daba miedo que se me cayera porque era bien rico tenerlo entre los dedos, aparte de que si se me caía tendría que hacer pichi por el poto como las mujeres. Un día la miss Graciela me cogió el pipilín.

Fue cuando mi tío Daniel me puso el yeso en el brazo. Mi mamá se molestó conmigo porque me lo rompí tirándome por el tubo del tobogán. Malázquez tuvo la culpa. Me preguntó: «Mendoza, ¿tú sabes por qué Batman se baja a la Baticueva por un tubo?». Yo le dije que no sabía y entonces me llevó al tobogán. Es bien rico. Te hace cosquillas en el pipilín. «Con razón Batman se tira», le dije a Malázquez.

A Batman en los chistes no se le ve la raya de los dientes, pero en la televisión sí se le ven los dientes. Yo prefiero que los dientes no se vean y me lavo, me lavo bastante, bastante, pero siempre se me ven. Entonces me miro en el espejo y pongo la cara de Tony y otra vez la del teniente de Viaje al fondo del mar, que también es otro teniente en Combate. Esas series también las veo, pero no salen mujeres. A mí me gustan las mujeres. No las chicas, sino las mujeres. La miss Graciela es una mujer.

Briceño me contó cómo saber cuál es una chica y cuál es una mujer. «¿Mendoza, ves La isla de Gilligan?», me preguntó. Yo le dije que sí y entonces me explicó que la de las trenzas era una chica y la del vestido blanco una mujer. No la esposa del millonario, sino la que tenía un lunar en el cachete y siempre quería besar a todos en la boca. Y era verdad. Cuando vi La isla de Gilligan me di cuenta que la Ginger también me hacía cosquillas en el pipilín. O sea que Penny también era una chica y entonces Judy es una mujer. Qué capo es Briceño.

Otro que también sabía un montón de cosas era Hernández. El no era hincha de la «U», sino del Alianza, pero era buena gente. Parecía de la «U». Hernández decía que la de Mi bella genio también era una chica, pero que la 99 era una mujer. A mí me gustaba más la de Mi bella genio porque se parecía a la miss Graciela. pero en verdad la 99 tenía una boca como la de La isla de Gilligan. Hernández decía que esas bocas servían para chupar el pipilín. Bien trome era Hernández. Parecía de la «U».

A mí me da miedo que me chupen el pipilín porque duele. Mi papá tiene una revista en inglés donde salen un montón de mujeres sin ropa que le chupan el pipilín a otros señores. Seguro que duele mucho porque ponen cara de que les están pegando: con los ojos cerrados y la boca abierta. Yo prefiero poner la cara de Napoleón Solo, la de Yllia Kuryiakin o la de Bud Masterson, que siempre están enseñando los dientes aunque se les vean las rayas. ¿Cuándo saldrá la miss Graciela en la revista de mi papá? Ya salió la miss Spring, la miss Winter y la miss Summer, pero la miss Graciela todavía. Yo ya la he visto sin ropa, pero quiero verla de nuevo en la revista. Ojalá que cuando le toque a mi colegio nunca salga la miss Rosaura porque no me gusta. Un día le llevé la revista a la sister Thomas para que nos la leyera en la clase de Inglés.

A mí me gusta más Caligrafía porque la miss Graciela me coge la mano y me enseña a hacer las letras bonitas. Cuando me agarra la mano me siento como cuando me tiro por el tubo del tobogán, y entonces volteo y la miro con la cara de Tony, la cara del almirante Nelson, la cara de Simón Templar y la cara de Batman, todos juntos. «¿A quién de la tele me parezco, miss Graciela?», le pregunté con los dientes como los chistes. Yo no sé por qué me dijo que al cabo Rosty.

Ya sé, la cara que le tengo que poner a la miss Graciela es la del Capitán Kirk, porque el Capitán Kirk siempre las besa a todas aunque sean marcianas. ¡Yo soy el Capitán Kirk, y mi cuaderno de Caligrafía es el Cuaderno de Bitácora del Enterprise!, pero la miss Graciela está como si nada. Es más fuerte que Batman. Una vez Batman se peleó contra una mujer-pillo que se llamaba Marcia, que te tiraba una flechita al poto y te enamorabas de ella. Se la tiró al Comisionado Fierro y se enamoró, se la tiró a Robin y se enamoró, pero se la tiró a Batman y Batman no se enamoró. Más bien Batman se la tiró. Sí, porque para capturarla le tiró una de las flechitas y Marcia se enamoró de Batman. Pero Batman no se enamora. La Gatúbela y la Batichica tampoco pudieron enamorar a Batman.

Otro que no se enamora es el doctor Smith. Una vez se le apareció una marciana bien bonita que no era chica sino mujer, y entonces lo llamaba por la ventana de la nave diciendo: «Doctor Smíííiiith». Pero el otro se iba corriendo. Bien maricón era el doctor Smith. A Pedro Picapiedra también se le apareció otra que era más bonita que Vilma, pero siempre se escapaba por una puerta secreta diciendo: «Soy demasiado importante para que me capturen». ¡Qué bruto el Picapiedra! Yo me hubiera quedado con la otra, además a esa no se le veía la raya de los dientes. Yo no soy Batman, pero tampoco soy como el doctor Smith. Yo quiero que la miss Graciela se enamore de mí porque yo me quiero casar con ella. La próxima vez que me coja el pipilín se lo digo.

Cuando estoy haciendo pichi hago como que tiro rayos, y las moscas son las naves enemigas. ¡Chuis, chuis!, les disparo. Pero cuando me rompí el brazo le pedí a la miss Graciela que me llevara a hacer pichi. En el baño le conté lo de los rayos y ella me dijo: «Mejor vamos a jugar a que es una metralleta», y entonces agarró y me cogió el pipilín y me hizo ratatatatatatatá-ratatatatatatatá-ratatatatatatatá. Yo sentí como si el señor Spok me hubiera hecho su cosa rara ésa en el hombro, porque casi me desmayo en el wáter. Qué linda es la miss Graciela, cuando me agarra el lápiz me gusta y cuando me agarra el pipilín también me gusta. Todo lo que me agarra me gusta. Por eso me quiero casar con ella cuando sea grande, pero primero tengo que hacer que pelee con Kowalsky.

El enamorado de la miss Graciela no es arquitecto como mi papá ni doctor como mi tío Daniel, es como Kowalsky de Viaje al fondo del mar—que siempre está arreglando el cuarto de máquinas, el Seaview, el Aerosub y la Batiesfera (ahí no sale Batman pero se llama así)—porque tiene un mameluco igualito y arregla todos los carros, todas las motos y todas las lanchas que se llevan a Ancón en vacaciones. Mi papá dice que es corredor, pero el enamorado de miss Graciela no se viste como Flash y siempre anda bien cochino. A lo mejor a ella le gustan las cochinadas.

Cochinadas resultaron ser las revistas de mi papá. Eso fue lo que me dijo la sister Thomas cuando se las llevé a la clase de Inglés, y eso fue lo que le repitió mi mamá a mi papá cuando la sister Thomas me acusó. Mi papá estaba caliente y le dijo a mi mamá que por qué la monja de mierda ésa no se lo decía a él en su cara. ¿La monja?, ¿o sea que sister Thomas también era una monja? Mi mamá decía que las monjas trabajaban en colegios rascuaches y que por eso nosotros estábamos en colegio de sisters, porque una sister era como más que una monja y un colegio de sisters era más que un colegio de monjas. Pero ahora resulta que sister Thomas también era monja y además «chancha», «cojuda» y algo así como «comprimida». Bien caliente estaba mi papá; pero la que más se molestó conmigo fue mi mamá.

Antes sólo me fastidiaba cuando me veía con la cara de Tony, la del sargento Sunders la del capitán Kirk, diciéndome «te va a dar un aire y se te va a quedar la cara así» y entonces yo corría rápido, rápido a la ventana para quedarme con la cara que estaba poniendo, pero nunca me daba un aire de ésos que decía mi mamá. Otras veces me decía que se me iba a caer el pipilín de tanto tocármelo, pero desde que le llevé las revistas a la sister Thomas me dijo: «¡La próxima vez que te vea con la mano ahí, te rajo!».

La miss Graciela, en cambio, nunca me decía nada. A mí me daba como cosquillas cada vez que la veía y siempre le pedía que me tajara el lápiz, que me hiciera hacer las letras con su mano, que me amarrara el zapato o que me llevara al baño a hacer pichi para que me hiciera la metralleta de nuevo. ¡Qué bonita era la miss Graciela! Yo le ponía la cara de Tony y le decía que era más linda que la 99, que Mi bella genio, que la de La isla de Gilligan y que Judy, todas juntas. Ahí fue cuando ella me dijo que si yo me quería casar con ella cuando sea grande y yo le dije que sí. El problema es que no peleaba con Kowalsky. Pero un día peleó. Mi papá siempre me llevaba cuando arreglaba los carros y me dejaba solo adentro y se iba a la calle. Después de un ratazo volvía y me decía: «te compro un helado en el Tip Top y le dices a tu mamá que nos fuimos a Chicolandia». Cada vez que íbamos al taller yo ya sabía que me iba a aburrir, pero que después podía pedirme un «Zambito». Ese día la miss Graciela también estaba en el taller. Seguro que fue para pelear con Kowalsky.
Él como que la quería morder en el cuello como los vampiros y ella lo empujaba. A mí me daba cólera y quería ser más fuerte que Súpermans más grande que Little John y más poderoso que Ultramán, para meterle un puñete en la barriga al enamorado de la miss Graciela. Además que la agarró de las tetas y la metió en la parte de atrás de una camionetaza que parecía el carro de Batman. A mí también me gustaba ir en la parte de atrás de las camionetas, pero no cuando estaban paradas. Bueno, en verdad esa camioneta se movía y se movía, pero no avanzaba ni un poquito.

Me asomé calladito por la ventana y la miss Graciela estaba como en las revistas de mi papá: calata y enroscada a Kowalsky. Apuesto a que se estaban peleando, porque ella le mordía el pipilín y el otro se quejaba y saltaba como si le doliera mucho. Si la miss Graciela le seguía pegando así, seguro que el enamorado iba a salir corriendo. De pronto ella se sentó encima de él y empezó a preguntarle: «¿Te vas, te vas?». «¡Todavía, todavía!», gritaba el otro. Se notaba que la miss Graciela estaba ganando porque lo tenía prisionero.
Yo estaba pensando a qué hora me tocaba entrar a ayudar a la miss Graciela y hasta cogí un fierro por si acaso, pero la miss seguía chancándolo y saltándole encima y Kowalsky se revolcaba del dolor. Se movía la camioneta y se movían las tetas de la miss Graciela. Me gustaban sus tetitas porque tenían pequitas como su cara. A lo mejor a ella también le estaba doliendo porque estaba haciendo muchas muecas. Si le daba un aire se podía quedar con la cara así.

Entonces la miss Graciela empezó a moverse más fuerte y otra vez comenzó a preguntarle a Kowalslky si se rendía. Le decía: «¿Te vas?, ¿ya te vas?, ¡apúrate!, ¡corre!». Y entonces el otro gritó: «¡Sí!, ¡sí!, ¡me voy!, ¡ya me voy!». Pero el conchudo en vez de irse se hizo el dormido y quiso ahorcar a la miss Graciela aprovechando que ella estaba cansada. Ahí fue cuando cogí el martillo de Thor y lo agarré a fierrazos gritando “¡D’Artagnan al ataque!”, “¡Llamas a mí!” y “¡Cabazooooooooorrooooo!”. La que se armó fue peor que lo de las revistas.

Mi mamá fue bien acusete y a la miss Graciela la botaron del colegio. Mi papá se peleó con mi mamá por dejarme solo en el taller de Kowalsky y encima no me compró helado en el Tip-Top. A mí también me sacaron del colegio de sisters y me pusieron en uno de monjas, donde al pipilín ya no le dicen peepee sino cuquita. Pero no me importa. Aquí en este colegio yo soy como Hernández, como Briceño y como Malázquez, todos juntos, y les enseño a los chicos las revistas de mi papá y ellos traen otras revistas de sus papás. Yo les he dicho que un día va a salir en una revista de ésas la miss Graciela, que es una que tiene pequitas en las tetas, que te muerde muy fuerte el pipilín y que sabe hacer una metralleta bien rica.

A veces me acuerdo de la cara que ponía Kowalsky cuando la miss Graciela le mordía el pipilín, y me pongo en el espejo para hacerla junto con la cara de Tony, la del capitán Kirk y la del Llanero Solitario. Pero cuando me sale igualitita es cuando me tiro por el tubo del tobogán y siento esa cosa rica en el pipilín. Seguro que por eso Batman usa capucha, para que no le dé un aire y se quede con la cara así cada vez que se tira por el tubo de la baticueva.

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