Crónica / Iggy Pop: incendiando Lima a punta de punk

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El ícono del punk, Iggy Pop, en uno de los puntos más altos del concierto en El Monumental (Foto: RPP)

Escribe Juan Carlos Mejía (Revista Cocktail)

El artista estadounidense, de 69 años, remeció los cimientos del Estadio Monumental, con una descarga de rock duro, de vitalidad, de resistencia.

Desde su llegada a Lima, desde ese cálido –y fraterno- acercamiento con sus fans en el aeropuerto, desde esa foto que compartió Daniel F abrazando a uno de sus dioses, desde ese momento, muchos empezamos a ser parte de un sueño que jamás habíamos pensado vivir: escuchar y ser testigos presenciales del concierto de uno de los íconos mundiales del rock´n roll.

Era poco más de las diez y, por fin, la banda, sin Iggy, tomó posición. Los asistentes, enardecidos, excitados, empezaban a corear el “Olé, olé, olé, olé. Iggy, Iggy”. Las arengas, los aplausos, los silbidos le daban una especie de misticismo al estadio, la leyenda saldría al escenario, esa leyenda que acompañó tantas tardes musicales entre amigos, esa leyenda que aún se mantiene en pie, que va dejando todo de sí en cada canción. Esa leyenda, con la fuerza que lo caracteriza, salió al plató, desatando la histeria de todos.

La noche en que “la iguana” pisó por primera vez un escenario peruano, muchos lo esperábamos, ansiosos, como si fuera un viejo amigo. Muchos, y me incluyo, habíamos contado las horas, las presentaciones mediocres de los artistas que lo precedieron, esperando que terminaran pronto, que sus sonidos sintéticos, bailables, se apagaran para que el rock de verdad tomara las riendas de tan descarriado concierto. De pronto la ansiedad y la desesperación que se había apoderado de todos desapareció. El sonido eléctrico, duro, las guitarras, los redobles, las líneas de bajo, la voz agresiva de Iggy demandaba sentirse.

Iggy Pop en pleno concierto en el Estadio Monumental en Lima, Perú (Foto: Diario El Comercio)
Iggy Pop en pleno concierto en el Estadio Monumental en Lima, Perú (Foto: Diario El Comercio)

Mucho se había hablado del setlist que tocaría la banda. En Facebook, algunos aseguraban que repetiría algunos temas del que usó en Colombia hace algunos días, y así fue. “I wanna be your dog”, de la época de The Stooges¸ fue el escogido para empezar el recorrido. El tema, de 1969, y con el uso de solo tres acordes, desató el pogo entre los asistentes quienes, frenéticos, aplaudían e intentaban acercarse al ídolo, a ese ser casi mitológico que demandaba la atención de todos, con su torso desnudo, irreverencia y salvajismo. La noche prometía desenfreno total y muy buena música.

Clásicos como “The Passenger”, “Lust for Life” (llevado a la categoría de himno gracias al relanzamiento que tuvo con la película Trainspotting), “Five Foot One” y “Sixteen” remecieron el estadio. El furor de la gente se iba acrecentando. Incluso, algunos que habían ido a ver a otros artistas empezaron a sumarse a la fiesta, contagiados por el ritmo y por el salvajismo de los que pogueaban. La noche seguiría con canciones que marcaron un hito en la vida de muchas personas pero encontró puntos más altos en el cover de “Real Wild Child”, original de Johnny O’ Keefe & The Dee Jays y en “Mass Production”, ese tema oscuro, de corte casi lúgubre que cerraría la primera parte, “Though I try to die/ you put me back on the line/ Oh damn it to hell/ Back on the line, hell.”

Lo mejor parecía haberse ya vivido pero la presentación tenía muchas sorpresas más. Con las luces apagadas, con el latido a mil, con la excitación, con la embriaguez, la gente arengaba nuevamente a Iggy. Unos minutos después, con una camiseta de la selección peruana, con un 10 y el nombre estampado en la espalda, “Repo Man” empezó a sonar. Iggy parecía una bestia indomable, lanzó el pedestal de un micrófono hacia un lado. Estaba descontrolado.

La leyenda del Punk hizo explotar al público en inolvidable concierto (Foto: El Comercio)
La leyenda del Punk hizo explotar al público en inolvidable concierto (Foto: El Comercio)

Y fue con esta canción que el acercamiento con el público alcanzó su punto más alto. “El pasajero” detuvo el tema e invitó a un fan a subir “you, guy, come on, come up and dance”. El joven subió, daba saltos de felicidad, gritó a través del mismo micrófono que estaba usando Iggy, se sacó el polo, se hizo un selfie con “la iguana”, era feliz, estaba al lado de su dios y nada más importaba en su vida.

Luego de ese gran momento, “Search and Destroy” continuaría con el proceso de destrucción. Iggy, como un huracán, como en sus buenos tiempos cantaba “I am a word´s forgotten boy/ the one who searches and destroys/ honey gotta help me please/ somebody gotta sabe my soul/ baby detonates for me.” El pogo se calmaría luego con “Gardenia”, tema de su último álbum Post Pop Depression, que ha tenido gran acogida y muy buenas críticas a nivel mundial. “Down the street”, “Loose”, “No fun” de su época con “The Stooges”, parecían terminar la memorable noche. El músico, en la pasarela del escenario, se despedía, la gente aplaudía, sin embargo Iggy tenía una última sorpresa.

Luego de que las luces se apagaran y que la banda se retirara, Iggy hizo un llamado que estalló en un alarido colectivo, “Bring me the band”, dijo, y la gente terminó de convertir la pasión en locura. Parecía estar agradecido, había disfrutado una gran noche con un público que respondió bien. “Candy”, el tema que cantaba con Kate Pierson, fue el de la despedida, y uno no quería que ese momento, innegable, imposible de cambiar, llegue. Iggy Pop destruyó el estadio con su buen rock, con sus 69 años a cuestas, con su vitalidad, con su buena onda, con esa personalidad suya, tan única; con las poco más de 20 mil personas que se rindieron ante la majestad de “la iguana”. Luego de la presentación de Iggy, ya nada importaba, ni las palomas, ni los putos. ¡Larga vida al pasajero!

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