RESEÑA: “Permiso para retirarme. Antimemorias 3”, de Alfredo Bryce Echenique

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Alfredo Bryce Echenique en la portada de su última publicación, "Permiso para retirarme".

Escribe Gabriel Rimachi Sialer

Escribir sobre las novelas y cuentos de Alfredo Bryce Echenique es ejercer la memoria para retornar a la infancia y la juventud, y a un estado específico de esa parte de la vida: la amistad y el amor. “Permiso para retirarme” es el último volumen de su trilogía de memorias (“Permiso para vivir”, “Permiso para sentir”), y es también -según su propio autor- el último libro que escribirá y publicará en vida. Esto último acaso se deba a su estado de salud, aunque con Bryce y su sentido del humor nunca se sabe (y por eso sus lectores siempre están esperando nuevas entregas de sus obras en todo el mundo).

“Permiso para retirarme” está estructurado en secciones definidas por la amistad, la política, el amor, París y el balneario de La Punta (en cuyo mar ha pedido que esparzan sus cenizas cuando muera). Y en cada una de estas secciones encontramos lo que vendría a ser el caldo de cultivo de muchos de sus cuentos, personajes y novelas. Es como asistir a los lugares donde salieron sus historias, esa delgada línea entre la realidad y la ficción que Bryce supo explotar con una voz propia que manejaba con maestría el drama romántico y el humor (¿cuántos lectores no hemos conocido una gran variedad de boleros gracias a sus historias?). Así pues podemos reconocer a varios de sus personajes femeninos que, en la vida real, marcaron las alegrías y la tragedia sentimental del autor. Sus relaciones siempre tirantes con la política y esa decisión de mantenerse lo más alejado posible de ella pero al mismo tiempo siempre ahí, como cuando compartió un día de pesca en Cuba, en un yate con García Márquez y Fidel Castro, y uno espera encontrar cualquier cosa menos la refexión de que “Fidel Castro tenía las piernas tan pero tan delgadas, que era imposible que alguien lo pudiera considerar un dictador. Un dictador de verdad no podía tener esas piernas”. El ejercicio del humor en Bryce es su marca personal, algo que lo acerca al lector de una manera más íntima.

Este libro es el más breve de sus memorias, y acaso por eso el más desigual en cuanto a la experiencia de vida de un escritor que ha recorrido el mundo y vivido muchas vidas a la vez (recuerdo que una vez en San Marcos contó que había ido de visita a Grecia con Cortázar, y que una vez instalados en un lujoso hotel, ocurrió un golpe de estado que lo obligó a quedarse “prisionero” en la suite presidencial durante un mes entero, con vista al mar y todos los servicios gratuitos, “sufriendo” su prisión); pero también es un ajuste de cuentas con varios personajes vinculados a la literatura, al periodismo y al mundo intelectual peruano, que ya ha desatado algunas polémicas en el circuito local. Sus depresiones, su afición por el alcohol, sus retornos a una Lima cada vez más diferente, los romances que fracasan, su amistad con Ribeyro… este libro breve es quizá el más duro de sus memorias, y por eso mismo es tan interesante.

Quedarse con una sola obra de Bryce -descontando “Un mundo para Julius”- es imposible. Su literatura ha marcado la educación sentimental de generaciones, y ha formado lectores en todos los países donde ha sido publicado. “La vida exagerada de Martín Romaña”,”El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz” o “No me esperen en abril”, sin mencionar a cuentos ya clásicos como “Con Jimmy en Paracas”, son ya referentes ineludibles en la historia de la literatura peruana. Y eso no es poca cosa. “Permiso para retirarme” es una puerta para entrar en el mundo no tan bonito ni tan divertido de un escritor que ha visto con humor y nostalgia cómo cambiaba su mundo mientras escribía ficción. Recomendado.

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