Porfirio Mamani Macedo / Poesía

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Ser sólo el hombre

I
Sólo soy un hombre
de carne y huesos caminando
de polvo y soplo animado
y así recorro las calles,
que por el mundo voy cruzando
buscando una palabra y un sueño,
la luz que alumbrará mis ojos,
la voz que guiará mis pasos.

Sombras son las que me asedian,
como ruidos que cabalgan en las noches,
para atormentar mis sueños,
sombras que alargan sus uñas,
para buscar mi alma en el camino.
Sombras que caminan, sombra yo mismo.

Vientos cardinales
que doblan la sombra que soy yo.
Alejarme yo quisiera,
del tormento frío,
de las brasas infernales del dolor,
pero aquí estoy como un silencio
caminando por las escaleras del olvido.

Llantos son lo que del polvo me llega,
gritos arrancados de los árboles que caen,
de los pájaros que perdieron sus nidos,
de los niños que hurgan el fondo de la tierra,
del silencio que creció en cada espina.

Sólo soy un hombre
amigo de las piedras que se mueven,
de los ríos que se van,
de las llanuras que crecen sobre la tierra,
de los vientos y los mares,
de las plantas , los animales y los hombres.

II

Sólo soy un hombre
de lágrimas y risas cubierto,
acodado a este árbol
que castiga sin cesar el viento.
Viento entre las rocas, viento yo mismo.

Las lejanas melodías, ya me esperan,
para llevarme hacia las islas,
aquellas que no tienen nombre,
allá donde crecen sueños,
como flores de pétalos ignotos.

Sólo soy un hombre,
azotado por el frío,
la sonrisa y la ternura,
que cotidianamente me dan los días,
éstos donde escribo una palabra,
bajo la lluvia,
al pie de las torres que me miran.
Tan solo, tan efímero: el río.
Río turbulento, río yo mismo.

Las cadenas del tiempo no se rompen.
Horas de acero, de materia inmaterial,
los sueños, tu mirada, tu presencia,
noche efímera que me alojas,
hoy cuando quiero engendrar mis sueños.

Sólo soy un hombre,
cantando y soñando voy,
bajo las nubes, bajo el sol en primavera.
Regando y sembrando voy,
lo que me dicta los dones,
los sueños, la luz y la palabra.
Palabras que se mueven, palabra yo mismo.

III

Sólo soy un hombre
cargado de palabras y esperanzas,
cruzando esta noche oscura
que me sugiere laberintos,
meandros y callejas
para perderme entre sus venas.
Me queda el silencio y la palabra,
las piedras y el polvo del desierto.
Polvo que se mueve, polvo yo mismo.

Hay en cada puerta un letrero
para entrar y salir
de la inmensidad que es el tiempo.
Unos entran, otros salen,
gritando van sus nombres,
por las calles desoladas,
buscando van consuelo,
al dolor que los oprime,
día y noche, despiertos o dormidos.

Sólo soy un hombre,
que bajo el sol es una sombra encadenada,
al ruido que atraviesa,
muros y ciudades.
No me alejo de la roca,
ésta que del viento me protege,
donde escribo un nombre.
Roca silenciosa, roca yo mismo.

Incansablemente unos siguen la marcha,
otros, miran correr el agua,
cubiertos de polvo y olvido,
las cosas, la miseria, la vida.
Se alejarán los mares,
volverán los mares a tocar el ombligo de la tierra.
Lluvias, tempestades, vientos sin destino,
y unos caminando sobre el charco,
para salvarse de la noche.

Sólo soy un hombre,
buscando agua,
para lavar mi alma,
más allá de la oscura noche,
de las ramas que golpean el silencio.
Ramas de la vida, rama yo mismo.

 

 


Porfirio Mamani Macedo ha nacido en Arequipa (Perú). Es doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Se ha graduado también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, y ha hecho estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa). Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa, Estados Unidos y Canada. Ha enseñado en varias universidades francesas como en la Sorbonne Nouvelle-Paris III, y en la Universidad de Picadie Jules Verne.

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