RESEÑA/ “De la Ternura y la guerra”, lo reciente de Oscar Gilbonio

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Escribe J. Miguel Vargas Rosas *

Me es complicado ubicar a Oscar Gilbonio y su “De la Ternura y la Guerra” en lo romántico, aunque sus relatos entretejidos con técnicas modernas y lenguaje cándido lo conducen a mostrar un matiz de sentimientos que siempre conllevan a la nostalgia poética propia del romanticismo. Gilbonio no se desprende de aquel pasado de violencia interna, se aferra a este y no es para menos, pues participó de forma directa. Los cuentos de Gilbonio se desprenden de lo tolstoiano, pues profundizan en los sentimientos, pensamientos y las relaciones sociales de los que participaron en el bando subversivo, centrándose (a comparación de otros escritores) en las acciones urbanas. Poco a poco los cuentos van mostrando su carácter profundamente intimista, pues narra experiencias particulares, dejando de lado la guerra en general. Estas experiencias están envueltas en aires de tragedia que solo se quiebran en el último cuento, donde se deja sentir una ventisca de fortaleza.

Juega un rol importante el instinto de supervivencia reflejado en la huida emprendida por un obrero durante el bombardeo al pabellón azul en la isla de El Frontón. Los relatos están fuertemente contextualizados y siempre se inclinan por narrar la convivencia de los subversivos con las clases sociales más bajas, demostrando que éstas apoyaron directa e indirectamente al movimiento subversivo. Se encuentra además, entre sus líneas, cierto deseo e ímpetu por rebelarse o mostrar los errores más graves (como el dogmatismo emergente) de la entonces directiva de Sendero Luminoso.

– Pero, ¿cuál es principal? Me parece forzado el ahorcamiento.

– ¿Está cuestionando la directiva, compañero?

– No se trata de cuestionar, sino de analizar las cosas con amplitud y expresar con claridad las ideas. La consigna no deja dudas, pero el gallinazo… no me parece.”

La conversación se extiende y se aclara que, al protagonista, el Partido lo ha relevado de sus cargos por cuestionar constantemente. Esto, desde el ámbito sociológico nos da una muestra palpable de las grandes contradicciones dentro del movimiento subversivo que en la mayoría de los casos se terminaban por silenciar debido al contexto. Literariamente, podemos ver reflejado el espíritu de Gilbonio, quien trata de desprenderse de ese pasado, de mostrarlo como un episodio erróneo, pero no puede dejarlo ir, todavía algo lo enlaza a esa etapa y le duele (de ahí que esa añoranza al pasado, me recuerde a los románticos).

Otro diálogo que muestra esa misma rebeldía al interior del movimiento se da en el último cuento titulado “Últimos albores con Livia”, que relata parte de lo acaecido en el penal de Castro Castro el año de 1992. Tenemos también que Gilbonio ha provisto de una caracterización heterogénea a sus protagonistas; son estos del pueblo y se han unido al movimiento más por sentimiento que por ideología; sin embargo, contrastan con su espíritu de sacrificio, como si hubiesen sido forjados para dar la llamada “cuota de sangre”, pues no se rinden ni caen en la traición, lo que les conduce a finales trágicos, convirtiéndolos en víctimas de las peores atrocidades cometidas por el Estado. Esta tragedia llega al clímax total en “Semilla”, donde su narración se torna cruda para transmitir el dolor de una mujer gestante, torturada sin piedad.

Su prosa es sencilla, fluida e intensa, sin ambages ni decoraciones vanas, cuidando la estética para poder introducirse en el espíritu del lector, y utiliza constantemente el flash back, al cual intensifica en el último cuento, donde además combina las técnicas narrativas modernas, que lejos de disminuir la calidad, la engrandece y la intensifica.

 


* Miguel Vargas Rosas, nacido en Huánuco, profesor de profesión, es autor de obras como “La epopeya del joven Microscópico”, “Los hijos de la iglesia”, “Balada de la eternidad” y “Recuento de las palabras. Como cineasta dirigió “Tras la Oscuridad” y el documental “Voz Dinamitada”.

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