“Canadá”, de Richard Ford (Reseña)

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Escribe Dagoberto Fonseca

Richard Ford (1944, Jackson, Missisipi), ganador del Princesa de Asturias en 2016, integra con Cormac Mc Carty y Philip Roth el trío de mejores escritores norteamericanos de la actualidad. «El mejor escritor en activo de este país» dijo de él Raymond Carver. El autor de Canadá, estará en Lima en julio, durante la nueva edición de la FIL Lima.

El crítico francés Bernard Géniès afirmó, en una encuesta en Le Nouvel Observateur, que «se está convirtiendo tranquilamente en el mejor escritor norteamericano». Otros lo consideran el más clásico de ellos y algunos coinciden en que «Ford se inscribe en la tradición de Faulkner, Hemingway, Steinbeck, abanderados de la mejor literatura norteamericana».

Canadá, publicada en 2013, es la confirmación de lo anterior. «Un vasto y magnífico fresco. Ésta es una de las primeras grandes novelas del siglo XXI» dijo John Banville de ella. Ford la publicó ocho años después de Acción de gracias, la última de la magnífica trilogía protagonizada por su héroe Frank Bascombe, que siguió a El día de la independencia (Premios Pulitzer y PEN/Faulkner) y El periodista deportivo.

En ella se narra la vida de una familia norteamericana en los años sesenta. Dell Parsons, un adolescente introvertido, que vive con sus padres y hermana gemela en Great Falls, un pueblo de Montana, al norte de Estados Unidos, tiene sueños poco ambiciosos: ser parte del club de ajedrez de la escuela secundaria, criar abejas y establecerse en una ciudad. Este último es su principal sueño: echar raíces en algún lugar con su familia, después de años de trotar de ciudad en ciudad, por las bases aéreas a las que su padre ─bombardero veterano de la Fuerza Aérea Norteamericana en las campañas de Filipinas y Osaka─ fue nombrado. Pero el destino le tiene reservado una sorpresa, que nos lo cuenta él, como narrador, protagonista y testigo, desde las primeras líneas. Pocas novelas tienen un inicio tan estremecedor. Leamos los dos primeros párrafos:

“Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no contase eso antes que nada”.

“Nuestros padres eran las personas de las que menos se podría pensar que atracarían un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales –aunque, claro está, tal afirmación queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco”.

El gancho de estas primeras líneas, estriba en que una vez enterado del asalto al banco y de ser apresados sus padres, el lector no puede dejar de leer hasta enterarse de lo que le pasó al narrador y a su hermana. Este inicio, que parece ser el de una novela policial, cambia bruscamente de rumbo para convertirse en un magistral y crudo retrato del desmoronamiento de una familia. En él florecen los temas que Ford ha perseguido permanentemente en todas sus obras: la relación entre padres e hijos, el sentimiento de culpa que nace luego tomar malas decisiones y el amor filial que corre por senderos cercanos al abismo. Una novela narrada con el lenguaje simple, directo y contundente, característico en Ford, con una maestría digna de la mejor tradición norteamericana.

Quebrada su familia y viendo desmoronarse su mundo, Berner, la hermana de Dell, huye para evitar que el Servicio Social la interne en un albergue. Dell también emprende la huida, cruzando la frontera norte, ayudado por una amiga de su madre. Llega a la pequeña localidad de Fort Royal, en la provincia de Saskatchewan, donde queda bajo la protección de Arthur Remlinger. Este estadounidense, con un pasado oscuro y violento, mantiene a Dell a cambio de que trabaje en la limpieza del hotel del que es propietario y colabore en la principal actividad por la que es conocida la localidad, que acoge a cazadores norteamericanos que viajan hasta allí para cazar gansos.

Se dice que el germen de esta novela nació en 1986, en un viaje que Ford realizó a Canadá con su amigo Raymond Carver para cazar gansos, luego de que él, residente en Montana, se enterara que un niño fue trasladado al otro lado de la frontera en contra de su voluntad, lo que lo perturbó profundamente. Sin embargo, el escritor en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca 2013 declaró que la novela comenzó a formarse de un conjunto de notas que guardaba en el congelador. Su madre tenía por costumbre guardar las cosas de valor en él, pues venía de un lugar donde los incendios se originaban fácilmente y lo importante lo guardaban en el congelador. Así, el escritor guardó por veinte años en un sobre manila muchos apuntes sobre un niño que es abandonado por sus padres en la frontera con Canadá, que cada vez que los leía lo conmocionaban “como una patada en el alma.” “Me encontré que con frecuencia anotaba estas tres palabras, frontera, abandonado y Canadá, y me conmocionaban, entonces busqué una forma para ponerlas en una historia. Buscaba que significaran más de lo que hasta entonces habían significado. Y entonces ‘frontera’ resonó con otras ‘fronteras’, las emocionales, las morales”, expuso el escritor.

Y precisamente estas palabras son la génesis de esta historia. Siendo frontera la palabra clave, la novela cruza la frontera entre la adolescencia inocente y la madurez, la pérdida de la honradez de sus padres y la criminalidad, y la frontera física entre Estados Unidos y Canadá por donde transcurre la vida de la familia Parsons. Ford va intercalando la narración de Dell con algunas crónicas escritas por su madre desde la prisión, las mismas que disparan sus recuerdos y constituyen la base del argumento de Canadá. Leamos estos párrafos:

“En su Crónica de un acto criminal cometido por una persona débil, nuestra madre escribió como si Berner y yo estuviéramos presentes y pudiéramos leer sus pensamientos en el instante mismo en que los iba registrando, y fuéramos sus confidentes y nos beneficiáramos de tales pensamientos. Su crónica representa para mí su voz más verdadera, la que nosotros sus hijos nunca oímos y sin embargo la voz con la que se hubiera expresado si alguna vez hubiera podido hacerlo cabalmente, sin los límites que le había impuesto la vida. Esto mismo sin duda es cierto con todos los padres y los hijos. Uno no conoce más que una parte del otro”.

“Si quienes estuvieran contando esta historia fueran ellos [mis padres], ésta sería lógicamente diferente, y en ella serían los protagonistas de los acontecimientos por venir, y mi hermana y yo los espectadores, que es una de las cosas que los hijos son respecto de sus padres”.

En resumen Canadá tiene como tema principal el rompimiento de la estructura familiar, y cómo sus integrantes tratan de enterrar esos episodios traumáticos, enfrentando, en el caso de Dell, los desafíos de su adolescencia, huyendo del pasado e iniciando su vida adulta, tratando de establecerse en otras ciudades, lejos de sus orígenes. En esta novela lo mejor es la habilidad de Ford para describir los personajes y para introducirse en los pensamientos más íntimos del narrador adolescente, plasmando con gran realismo su angustia, desolado por la tragedia y por la vida que empieza a enfrentar, solo y desamparado.

Canadá es una lectura fascinante, absorbente como pocas. Su argumento mantiene en vilo al lector desde la primera hasta la última página, quien se vuelve cada vez más impaciente tratando de atar los cabos dejados sueltos y que finalmente cierran muy bien.

Definitivamente, esta novela es uno de los mejores ejemplares de la Gran Novela Americana de los últimos tiempos. Vale la pena leer a este gran autor que nos visitará en la FIL Lima 2017.

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