Enrique Verástegui / Tres Poemas

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Enrique Verástegui (Lima, 1950). Poeta, ensayista, narrador, dramaturgo, guionista, físico y matemático peruano.

Si te quedas en mi país

En mi país la poesía ladra
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesía frecuenta los burdeles
escribe cantos silba danza mientras se mira
ociosamente en la toilette
y ha conocido el sabor dulzón del amor
en los parquecitos de crepé
bajo la luna
de los mostradores.

Pero en mi país hay quienes hablan con su botella de vino
sobre la pared azulada.

Y la poesía rueda contigo de la mano
por estos mismos lugares que no son los lugares
para filmar una canción destrozada.
Y por la poesía en mi país
si no hablaste como esto
te obligan a salir
en mi país
no hay donde ir
pero tienes que ir saliendo
como el acné en el cascarón rosado.
Y esto te urge más que una palabra perfecta.

En mi país la poesía te habla
como un labio inquietante al oído
te aleja de tu cuna culeca
filma tu paisaje de Herodes
y la brisa remece tus sueños
–la brisa helada de un ventilador.
Porque una lengua hablará por tu lengua.
Y otra mano guiará a tu mano
si te quedas en mi país.

 

Salmo

Yo vi caminar por las calles de Lima a hombres y mujeres
carcomidos por la neurosis,
hombres y mujeres de cemento pegados al cemento aletargados
confundidos y riéndose de todo.
Yo vi sufrir a estas pobres gentes con el ruido de los claxons
sapos girasoles sarna asma avisos de neón
noticias de muerte por millares una visión en la Colmena
y cuántos, al momento, imaginaron el suicidio como una ventana
a los senos de la vida
y sin embargo continúan aferrándose entre
marejadas de Válium
y floreciendo en los maceteros de la desesperación.
Esto lo escribo para ti animal de mirada estrechísima.
Son años-tiempo de la generación psicótica,
hemos conocido todas las visiones de Kafka y Gregory Samsa
pasea con Omar recitando silbando fumando mariguana
junto al estanque en el parque de la Exposición – carne
alienada por la máquina y el poder de unos soles
que no alcanzan para leer Alcools de Apollinaire.
Recién ahora comprendo mañana reventaré como esos gatos
aplastados contra la yerba
y las cosas que ahora digo porque las digo ahora
en tiempos de Nixon –malísimos para la poesía–
corrupción de los que fueron elegidos como padres–gerentes
controlando el precio de los libros
de la carne y toda una escala de valores que utilizo
para limpiarme el culo.
Yo vi hombres y mujeres vistiendo ropas e ideas vacías
y la tristeza visitándolos en los manicomios.
Y vi también a muchos gritando por más fuego desde los autobuses
y entre tanto afuera
el mundo aún continúa siendo lavado por las lluvias,
por palabras como estás que son una fruta para la sed.

 

A ti te gusta la poesía

Nada más claro en estos días como esas palabras
con sabor a yerba fresca que tú y yo,
por detenernos delante del mar
en Barranco
deseé apoderarme de ti o mejor, toqué tus cabellos,
esa soledad maldita en la que estuvimos
metidos antes y después de noviembre.

Esta vida no es lo que es ni lo fue y ahora mismo,
con todo lo dura que es para mí,
un ángel volando a ninguna parte
en el centro del gran enredo en que todos,
algunas veces,
cuando equivocamos la página,
volvemos a caer en lo mismo: un sándwich
barato higos secos
y Mozart es apenas
una sonata que ningún aprendiz
estudiante de piano puede limpiar sobre las teclas
como antes o siempre
alcanzamos a gustar de este idioma perdido:
sinrazón
que aparece como el día y la noche
porque en nuestra lengua el sueño
aún no tiene nombre ni forma ni punto de partida.

Hoy es un día más de todos los que hasta ahora hemos
conocido — hoy es el día
o sencillamente una palabra ha reventado en nuestra mente
fugándose lejos de la esfera de acción de estas líneas,
de este deseo.

Te queda muy hermosa esa cabellera — te lo dije una vez
y te lo vuelvo a repetir.
Recuérdalo, estoy en ti en tu manera
de arrancar los geranios más tiernos
esta primavera mientras todo,
el viento, la angustia, rompían tu serenidad
y no éramos
sino restos del naufragio de estos días,
un rastro solitario en la playa.

A ti te gusta la poesía
pero no tanto como un pastel de fresa.
Esa poesía
hecha a la exacta medida de un brassier
que pueda resistir a tus senos.
¡Cúbrete, está lloviendo fuerte aquí!
A ti te gusta la poesía y ya no hay pastel de fresa.

 

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